Cultura del riesgo vs conciencia de riesgo: construir seguridad vial como tarea social y cultural
En la génesis de todo accidente de tránsito está la violencia, o lo que es lo mismo, la forma violenta en que nos relacionamos. Las estadísticas señalan que uno de cada tres accidentes obedece a la agresividad de los conductores, al estilo competitivo de la vida urbana que hace que los conductores compitan entre sí y con los peatones, en cada esquina.
Según los especialistas, el motivo por el cual se adoptan conductas violentas y, en consecuencia riesgosas, es la ausencia de miedo moral. Hoy no existe el miedo moral, el miedo al castigo. El principio básico de todo ser vivo es el de la supervivencia, sin embargo en la actualidad las personas, y sobre todo los jóvenes, no le temen a casi nada, ni siquiera a la posibilidad de morir. Entonces, la exposición al riesgo es permanente.
Esta cultura del riesgo no se genera mágicamente, sino que es una construcción de nuestra sociedad. Estamos insertos en una trama de relaciones que promueven permanentemente conductas de riesgo: publicidades que para hacer atractivos (y vendibles) sus productos exaltan el exitismo, el individualismo, el llegar primero o ser el mejor, la competencia desmedida y la necesidad permanente de consumo para permanecer dentro del “sistema”, conceptos que no hacen más que profundizar una jerarquía de valores que opera en contra de la convivencia pacífica y respetuosa entre los ciudadanos y acrecienta la competencia por tener y ser el mejor.
Un buen spot televisivo cumple la milagrosa misión de transformar en positivos y verdaderos ciertos valores, mientras que otros casi nunca son presentados, en un buen ardid de la industria cultural de masas, a la que no le interesa producir seres con apego a las normas, con valores, con un sentido de la convivencia solidaria y respetuosa, sino simplemente seres que consuman aquello que se les vende.
Llevada al tránsito, esta forma de vivenciar e interpretar el mundo se convierte claramente en una multiplicidad de conductas de alto riesgo. Chicas y chicos superpoderosos por las calles de pueblos y ciudades, invencibles, inmunizados de todo peligro. Conductores en pistas de carrera urbanas, que prefieren atribuir la causa de los accidentes a factores que escapan a su control personal, o que utilizan la conducción como medio para incrementar la percepción de auto-eficacia, estatus o poder. Motociclistas que evalúan positivamente la velocidad y que buscan en la conducción sensaciones intensas. Todas estas son actitudes que ponen en evidencia la ausencia de miedo moral, la no diferenciación entre lo correcto e incorrecto y -sobre todo- la absoluta desvalorización de la vida humana, propia y ajena.
Las conductas viales son una manifestación más de nuestra vida en sociedad, y un buen ciudadano, en otros órdenes de la vida, lo será también cuando tome el volante. Respeto, tolerancia, sentido común son la materia prima con la que se hacen los buenos conductores, peatones, ciclistas y pasajeros; valores y actitudes que lamentablemente no son promovidos en los medios ni en los productos culturales que consumimos. Por el contrario, somos bombardeados por mensajes que van en contra de la adopción de comportamientos respetuosos y seguros.
El aporte del Estado
Desde el Estado provincial es un compromiso trabajar para que las rutas no sean el reflejo de esa sociedad competitiva y carente de sentido.
A dos años de la creación de la Agencia Provincial de Seguridad Vial el balance es un deber y una necesidad. Aquel cambio de paradigma propuesto por la gestión provincial en 2008 con la creación de una institución que promoviera la seguridad vial en la Provincia, hoy se ve reflejado en múltiples acciones concretas que atraviesan el territorio santafesino, signadas por la participación ciudadana y la coordinación interinstitucional.
Durante 2009 un 14 % menos de santafesinos murieron en accidentes de tránsito en la provincia de Santa Fe; 82 personas más que el año anterior transitaron las rutas de nuestra provincia responsablemente y volvieron a reunirse con sus seres queridos. La cifra se compara con el 2008, año en que 604 personas perdieron la vida por esta causa. Un 17 % disminuyeron los accidentes de transito con victimas fatales en toda la provincia.
Estos números no pueden dejar de ser asociados al plan de acciones coordinado por la Agencia Provincial de Seguridad Vial, que ha contemplado la educación, la formación, la fiscalización y la información como pilares estratégicos de esta gestión. En cada una de las acciones y a través de los Consejos Provinciales y Rgionales, se ha materializado la demanda y la voluntad de participación de la comunidad. Los Gobiernos Municipales y Comunales, organizaciones no gubernamentales, voluntarios, fuerzas de control y empresas con sensibilidad social se han reunido en los encuentros propuestos por la Agencia Provincial de Seguridad Vial para debatir, reflexionar y proponer ideas en el abordaje de la problemática, basados en el respeto de las diferencias culturales y los saberes locales.
En el 2008 significó un importante avance la reglamentación de la Ley Provincial Nº 11.686 que declaro la obligatoriedad de la Educación Vial en todos los niveles de la educación provincial. Después de 24 años, la formación de docentes en materia de seguridad vial se convirtió en una realidad y quienes serán los responsables de transmitir estos conceptos a los alumnos están recibiendo desde el 2009 la formación necesaria para sentar las bases de una educación vial sistemática y perdurable.

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